HUESPEDES GALOPANTES:
A Chinese Family Odyssey

UNA ISLA NO MUY ACOGEDORA

Se podría decir que la idea de esta exhibición tuvo sus comienzos cuando yo era un niño. Mientras comía uno de esos pastelitos de arroz que solo mi abuela sabía hacer, y que eran mis favoritos, escuché a mi abuela comentarle a mi madre sobre su travesía de China a El Salvador. Lo único que recuerdo de su historia es que ella y mi abuelo, recién casados, venían a petición de su suegro, mi bisabuelo, quien ya estaba establecido en El Salvador; y que en el camino estuvieron detenidos por varios días en una isla en Estados Unidos.

Esa semilla plantada a mis ocho años no germinó hasta que me tocó emigrar a los Estados Unidos. Viendo un programa sobre Ellis Island, la famosa isla cerca de Nueva York, cuyo centro de inmigración fue la entrada de miles de europeos, la noción de que esa fuera la isla de los recuerdos de mi abuela pasó por mi mente. Pero eso no hubiera sido del todo posible ya que para venir de Asia se cruza el océano Pacífico y no el Atlántico. Picado por la curiosidad, y en busca de las experiencias de mi padre, quien hizo una travesía similar, empecé por leer sobre la inmigración china a Estados Unidos. Descubrí que existe otra isla en las cercanías de San Francisco donde hubo otro centro de inmigración, llamada Angel Island.
En este centro procesaron miles de chinos que deseaban entrar a Estados Unidos o en tránsito hacia otros paises al sur como México y El Salvador.

A diferencia de Ellis Island, donde los europeos estaban sujetos a restricciones que impedían la entrada de algunos, pero no de la mayoría de los inmigrantes, la Estación de Inmigración de Angel Island empleó políticas discriminatorias que se utilizaron para evitar que los asiáticos inmigraran. Este enfoque fue una consecuencia y la implementación de la Ley de Exclusión de Chinos de 1882, que fue el resultado de años de hostilidad racial por parte de los estadounidenses blancos contra los trabajadores inmigrantes chinos.

Muchos de los detenidos recurrieron a la poesía como expresión, derramando sus emociones en las mismas paredes que los contenían. Muchos de estos poemas fueron escritos con lápiz y tinta, o en pincel, y luego tallados en las paredes o pisos de madera. Algunos de los poemas son llenos de amargura y desaliento, o plácidos y contemplativos, o incluso cargados de esperanza.
"China Palace"
Mi padre llegó a El Salvador en 1924 pasando por Angel Island, donde cientos de poemas fueron tallados por chinos en las paredes del cuartel de detención, que como él, pasaron por este centro de inmigración. Sobrevivien-do leyes discriminatorias en El Salvador, se dedica al comercio y en 1961 abre el primer restaurante de comida china en San Salvador, llamado China Palace.

"Bodas de oro"
​Mis abuelos maternos celebraron sus bodas de oro en 1974. En su travesía de China a El Salvador en 1924, recién casados, ellos estuvieron detenidos en Angel Island. El poema de fondo se puede traducir como:
   Miles de poemas cubren estas paredes,
   Gemidos de descontento y tristeza.
   El día que sea libre y el éxito alcance,
   He de recordar que existió este capítulo.
"El otro rostro del inmigrante"
Autoretrato sobre un collage de titulares y artículos de periódicos elogiando mis logros. Presenta una cara positiva de la migración en contraste con los estereotipos negativos que existen, y que son tan generalizados, de los inmigrantes.

EL VIAJE DE MI PADRE

Mi padre nació en un pequeño pueblo cerca de Cantón, China, alrededor de 1911. Su familia no era en absoluto acaudalada, pero era una de las más adineradas del pueblo. Era el mayor de tres hijos y, en su generación, el único hijo varón de toda la familia, lo que lo convirtió en el favorito de todos. Cuando tenía 10 u 11 años, alguien que pensó que podía aprovechar su importancia para la familia, trató sin éxito de secuestrarlo. Después de varios años de preocuparse por la posibilidad de que esto sucediera de nuevo, sus padres decidieron enviarlo fuera del país. Uno de los tíos de mi padre, que ya se había establecido en El Salvador, se ofreció a cuidarlo. Así es como, a la edad de 13 años, mi padre se encontró abandonando todo lo que le era familiar, rumbo a una tierra desconocida, de la que ni siquiera había oído antes mencionar.

Después de llegar a El Salvador, mi padre trabajó para su tío por varios años. Una vez me dijo que esos fueron los años más difíciles de su vida. Vino sin saber el idioma, que tuvo que aprender solo, y durmió en el piso en la parte posterior de la tienda. Lo peor de todo fue el
desprecio de los locales.
"No éramos nada, no valíamos nada", recordaría, "Nos trataban peor que perros". Los llamaban términos despectivos como chino-cochino o chino-come-rata.

En la década de los 1930s, un pequeño grupo de políticos inició una campaña contra los extranjeros, especialmente de ascendencia asiática. Cuando uno de estos políticos se convirtió en presidente del país, se aprobó una ley que no permitía a los chinos inmigrar a El Salvador. Los bancos siguieron el ejemplo y dejaron de otorgar préstamos a los comerciantes chinos, al mismo tiempo que la gente boicoteaba sus establecimientos. Se perdieron fortunas y casi lograron expulsar a todos los chinos del país. Algunos, como mi padre, se quedaron. "No tenía otro lugar adonde ir", me dijo, "trabajé tanto por lo que tenía y no lo iba a dejar". Poco a poco los sentimientos de las personas cambiaron nuevamente. Mi padre se casó y comenzó su propio negocio, importando especies y productos secos y enlatados. Más tarde se aventuró en el negocio culinario, abriendo el primer restaurante chino en El Salvador en 1961.

C U A T R O   G E N E R A C I O N E S
Rogelio - Nicolás - Rodrigo - Sebastian
Sofía - Saumuy Sofía - Julia Sofía - Victoria Sofía
DEJA VU

Nací en El Salvador en 1958, el segundo de cuatro hijos. En mis años mozos el odio popular hacia los asiáticos había disminuido. Eso no significa que el prejuicio no existiera. Podía sentirlo en los ocasionales "chino-cochino" o "ching-chang-chong" que me gritaban en las calles. Aún así, a través de mis ojos juveniles, nunca experimenté ninguna discriminación abierta. Al mantenerse alejada de la política, no crear problemas y de practicar la forma de vida de "vivir y dejar vivir", la comunidad china pudo integrarse y, de alguna manera, asimilarse.

La vida era buena, pensé, cuando me gradué de la escuela secundaria. Poco sabía que se estaba gestando un conflicto importante, y en 1980 estalló una guerra civil con combates en las calles y masacres en el campo. La oposición (o guerrillas como se los llamaba) recurrió al secuestro para pedir rescate para financiar su lucha. Temiendo por mi vida, mi padre decidió que lo mejor para mí era dejar el país.

Para venir a los Estados Unidos, me inscribí en el instituto de idioma inglés de una universidad estatal en Mississippi, mientras aplicaba en diferentes univer-sidades de todo el país. 
​En mi primer día en el campus,al entrar en la cafetería de la escuela, me enfrenté por primera vez en mi vida con una división racial notoria y palpable: los estudiantes blancos estaban sentados a un lado de la cafetería mientras los afroamericanos estaban del otro lado. Los pocos asiáticos y latinos estaban sentados al azar en el medio. Ese día, y durante mis años universitarios, aprendí lo que es ser una minoría en este país, y de no ser aceptado. Pronto aprendí el significado de "chink", "gook", "wetback", "spic" y muchos otros términos derogatorios que nos ladraban a mí o a mis amigos.

Después de graduarme de la universidad me mudé a Washington, DC, obtuve mi residencia permanente, y finalmente me naturalicé ciudadano estadounidense. La capital de la nación, un crisol de diferentes razas y nacionalidades, me ha proporcionado un lugar seguro para vivir, pero el movimiento anti-inmigratorio que está sucediendo actualmente en el país me preocupa, y el insulto ocasional que me arrojan me recuerda que quizás no somos bienvenidos aquí. Tal vez si somos huespedes galopantes, y si no soy yo, quien quita la generación futura buscará nuevos horizontes en otros lugares.

"Chao Mein y Pupusas"
Como inmigrantes, una de las cosas que mas extrañamos, aparte de la familia, es la comida. Mis padres usaron productos locales para preparar esos platillos tradicionales que tanto añoraban, al igual que hice yo cuando me mude a Estados Unidos. Esos platillos y productos tradicionales son parte del aporte que traemos a la nueva tierra.
"Cuidado" - "Not Wanted"
Inspirado por el antiguo estilo de los avisos de "Se Busca" he creado dos carteles, uno en inglés y otro en español, citando las razones por las que El Salvador trató de expulsar a los chinos en la década de  los 1940s y mas recientemente el atento de los Estados Unidos de deportar a los inmigrantes latinos.
"Sopa de letras" - "Wordplay"
​Existen docenas de términos ofensivos que se han usado para describir a los chinos, ambos en inglés y español. Usando el popular pasatiempo "sopa de letras" he creado un crucigrama con dichos térmimos, varios de los cuales mi padre y yo hemos sido blancos de ellos.